El mecanismo del rencor y cómo podemos manejarlo

rencorEl sistema emocional humano reacciona con distintos instrumentos que le diferencian de otras especies vivas. En nuestro caso, ante una persona que creemos se ha comportado injustamente con nosotros o nos ha hecho daño de forma consciente, es normal que aparezca el sentimiento del rencor.

Este se caracteriza por ser una mezcla de enfado, frustración, decepción y desazón que focalizamos hacia una persona o personas concretas. Nos sentimos humillados y surge la ira como instrumento de reacción.

Cuando el rencor se hace crónico

Hasta aquí, la parte normal del mecanismo del rencor. El problema surge, como casi siempre cuando este resentimiento se queda de forma perenne y llega a afectar al desarrollo normal de nuestra vida.

Sentir un odio intenso y una sed de venganza perpetua no es nunca una actitud positiva. Además, en estas situaciones es peligroso que se produzca un mecanismo de retroalimentación continua del resentimiento, porque llega un momento en el que este ocupe todo el espacio y no quepan otros sentimientos en nuestro interior.

Somos los responsables de que el rencor perdure en el tiempo

El primer aspecto que hay que tener en cuenta es que, mientras el origen del rencor está en alguien externo, los responsables de dejarlo asentarse y crecer somos solo nosotros mismos. Lo más grave es que, en no pocas ocasiones, lo hacemos de forma inconsciente. Dejamos que los pensamientos negativos campen libremente y vayan aumentando. Al final, nos estamos recreando en nuestras ansias de venganza.

Qué ayuda a perpetuar el rencor

rencor-mal
Una persona rencorosa revive una y otra vez el pasado

Existen varias fórmulas que ayudan a perpetuar el rencor y, por tanto, si las conoces podemos actuar sobre ellas cuando aún estamos a tiempo.

Para empezar, un rencoroso se caracteriza por su persistencia en revivir el pasado, por no ser capaz de pasar página. Son incapaces de perdonar y hacer las paces con las personas que les han ofendido.

No pasar página es una postura poco inteligente porque solo si aceptamos la experiencia negativa, empieza a dejar de causarnos dolor.

Pero, la persona resentida no se queda ahí. Es cierto que en circunstancias normales, imaginar situaciones en las que resolvemos el conflicto de forma positiva para nosotros puede tener un efecto catártico que nos permita superarlo. Pero, recrearse continuamente en esas fantasías vengativas acaba convirtiéndolas en una obsesión.

La objetividad

Y, un detalle muy importante. Ante un hecho que nos hace sufrir nuestra capacidad de ser imparciales y objetivos se ve perturbada. Para afrontar el dolor, es normal que nuestra mente no sea capaz de analizar la realidad. Pero, el paso del tiempo debe permitirnos recordar detalles y aspectos que nos pueden llevar a comprender en cierta medida por qué el otro reaccionó como lo hizo. Un rencoroso jamás se permite ese margen de objetividad, creyéndose solo él en posesión de una verdad indiscutible.

Los perjuicios del rencor

Ser rencoroso puede acabar por arruinarnos la vida, haciéndonos más daño a nosotros mismos que el que somos capaces de ocasionar al otro.

Entre otros perjuicios que vamos a padecer está la prevalencia de los sentimientos negativos en nuestro interior (tristeza, frustración, pesimismo…).

Además, la ira se apodera de nuestro comportamiento, lo que puede hacer que acabemos en la más absoluta de las soledades. Y, cada día está más demostrado, que este estado de ánimo negativo puede originarnos enfermedades serias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *