Cómo reaccionar ante las rabietas de los niños

Rabieta infantil
Imagen: elobservadorsolitario.blogspot.com

En películas, anuncios y, lo que es aún más frecuente, en nuestra vida cotidiana se nos hace muy familiar la imagen de un niño o niña montándole una rabieta a sus padres en plena calle, en un centro comercial o en el parque.

Todos los que han pasado por una situación similar, no pueden menos que compadecerse de esos adultos, enfrentados a uno de los retos más complicados que les plantean sus hijos.

Porque las rabietas infantiles forman parte del comportamiento normal de los niños, sobre todo entre los dos y tres años. Normal no quiere decir que no sea un comportamiento que hay que corregir, pero sí que se trata de que los padres no se sientan demasiados responsables y, lo que es más importante, que sepan cómo manejar esa realidad.

Los niños nos ponen a prueba con las rabietas

rabietaLo primero que hay que saber respecto a estas pataletas es que son un mecanismo de los niños para ir controlando donde están los límites. Por eso es tan importante que actuemos con contundencia desde el primer momento. El niño nos está poniendo a prueba, mide sus fuerzas con las nuestras, de ahí la trascendencia de que sepamos muy bien hasta donde les debemos dejar llegar.

Reglas básicas para reaccionar frente a las rabietas

Hay dos reglas básicas para reaccionar frente a las rabietas:

  1. Por un lado, en el momento puntual de la crisis debemos ignorar completamente a nuestro pequeño. Ni contacto físico, ni siquiera visual, aunque siempre vigilando para que no puedan lastimarse.

    Esta forma de actuar se explica por el hecho demostrado de que si un comportamiento recibe una refuerzo en la respuesta, independientemente de si es un refuerzo positivo o si es negativo, se repetirá.

    Es por esto que hay que ignorar al pequeño cuando tiene una rabieta, no debemos dejar que consiga lo que pretende, ya que esto sería un refuerzo positivo. Pero tampoco hay que regañarle o castigarle, puesto que esto sería un refuerzo negativo, y muy posiblemente haría que se repitiese la rabieta, porque aún recibiendo un castigo como respuesta, el pequeño se da cuenta de que ha captado nuestra atención.

  2. Por otro lado, estrechamente relacionado con el punto anterior, e igualmente importante, tenemos que acostumbrarnos a los refuerzos positivos, es decir, a hacerle saber al niño, de forma expresa, que ha hecho algo bien, siempre por insignificante que parezca el logro.

Llegados a este punto nos puede parecer que todo está claro y a la vez no. No tenemos que hacer caso al niño durante una rabieta ni tampoco castigarle. Entonces… ¿Qué podemos hacer? A continuación 10 útiles consejos para actuar ante una rabieta infantil.

Decálogo de acciones ante una rabieta infantil.

  1. No avergonzarse de una rabieta cuando se produce en presencia de otra gente o en la calle. Todo el mundo ha pasado por situaciones así, no somos los primeros, así que no debemos avergonzarnos. Si sentimos rubor por la situación no podremos actuar correctamente para corregir este comportamiento.
  2. Calma. Además de no sentir vergüenza tampoco podemos sentir nervios o ira, debemos estar calmados para controlar completamente la situación.
  3. Autoridad en nuestra forma de actuar. No podemos ceder ante una rabieta, porque si cedemos el niños consigue lo que quiere, entonces nosotros habremos fracasado y sufriremos en el futuro mas de sus rabietas porque habrá aprendido que es un método que le resulta eficaz para lograr sus objetivos.
  4. Lineas rojas que no se deben pasar, que son el diálogo con el menor en lo que dura la rabieta.
  5. No tocar ni pegar, nada de refuerzos negativos, ya que se ha demostrado que colaboran en que se vuelva a repetir el episodio que los causó.
  6. Contacto visual, junto con la calma mencionada anteriormente, reforzará nuestra autoridad y el niños prestará más atención a la explicación de que no es posible ese tipo de comportamiento.
  7. No recompensar. Al igual que una rabieta no debe tener refuerzo negativo, menos aún positivo, lo que sería una clara victoria del niño
  8. No entrar en la dinámica de los nervios y los gritos, esto quiere decir que hablaremos con el niño, no le gritaremos. Si está demasiado alterado como para poder comunicarnos con él en un tono calmado, esperaremos a que se tranquilice.
  9. No dejar que consiga su objetivo. Por ejemplo, en muchas ocasiones, las rabietas tienen lugar para acaparar la atención de los mayores, si le hacemos caso y le prestamos atención, sufriremos el mismo episodio más adelante.
  10. Tener siempre presente que se trata de una etapa de la vidad de nuestros hijos, que no es un problema más profundo ni grave, y que terminará desapareciendo según crezca

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