Terapia psicodélica, ¿alucinaciones médicas con LSD?

Hippies melenudos y músicos interpretando imposibles solos de guitarra eléctrica son probablemente las primeras imágenes que se nos vienen a la mente cuando oímos hablar de LSD. Las décadas de los 60 y 70, con una juventud reivindicativa, incontrolable, creativa, pacífica, espiritual y que nos han dejado algunas de las obras de arte más extraordinarias, están inevitablemente ligadas en el pensamiento colectivo al consumo de los llamados alucinógenos.

Sin embargo, el origen y uso de estas sustancias es bastante anterior y sorprendentemente distinto. Son las aplicaciones de LSD en psicoterapia las que motivaron el interés de personajes como el psiquiatra alemán Hans Carl Leuner o los escritores Timothy Leary y Ken Kesey. Basta con leer a Aldous Huxley en su libro “Las puertas de la Percepción” para entender, por ejemplo, los efectos que la sanación psicodélica tiene en temas tan sustanciales como el miedo a la muerte.

Terapia psicológica

Es esta faceta, la del LSD en psicoterapia, la que focaliza nuestro interés. Cada vez hay más estudios sobre psicoterapia asistida con LSD y otras drogas terapéuticas de las mismas características, como el MDMA o la psilocibina. Pacientes con depresiones, adictos al alcohol y al tabaco o enfermos terminales con su miedo a morir son sólo algunos de los campos en los que se está experimentando el poder terapéutico del LSD. ¡Hasta se prueba el uso terapéutico del LSD en la comunicación con los delfines!

Pero ¿qué es el LSD? Rápido repaso por una historia convulsa

Si hay una figura imprescindible para hablar de la terapia psicodélica es Albert Hofmann, químico suizo que descubrió los efectos terapéuticos del LSD.  Y su amigo y colaborador, Christian Rätsch, especialista en etnofarmacología. Hofmann sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) en el año 1938. Cinco años después, de forma casual, ingiere una mínima cantidad de esta sustancia. La increíble experiencia sensorial que le produce hace que programe una segunda toma de sólo 250 microgramos cuyos efectos, con sensaciones extremas entre la pesadilla y la felicidad, le impactan.

Desde ese primer instante, se evidencia la potencialidad del LSD terapéutico por su capacidad para alterar la consciencia y como activador cerebral. Con dos ventajas añadidas: no provoca adicción y se tolera muy bien por el organismo. Cualidades todas ellas que hacen que rápidamente se distribuya bajo la formulación de Deslysid, un fármaco fabricado por Sandoz.

Terapia extrasensorial

Compartiendo interés por la psicoterapia con LSD, además de artistas e intelectuales en busca de vías para abrirse a un mundo nuevo de percepciones e imaginación ilimitada, se encuentra la CIA, que atisba las infinitas posibilidades para manipular la mente del LSD y sus derivados. Extraños compañeros de viaje que ven truncados sus proyectos cuando los excesos y la falta de control con las dosis sacan a la luz sus efectos adversos. Su consiguiente ilegalización en EEUU y Gran Bretaña, a mediados los 60, marca el inicio del declive no ya de su consumo, si no de las aplicaciones e investigaciones de la psicoterapia con drogas.

Controversias en torno a la medicina psiquedélica

La psicoterapia psicodélica cuenta con poderosos detractores, entre ellos la OMS que mantiene la obligación de un permiso especial sobre las sustancias psicotrópicas para usarlas en investigación. Sin embargo, en lo que va del siglo XXI prestigiosas universidades han comprobado que ese temor de que el LSD, el éxtasis (MDMA) o la mescalina (psilocibina) provoque terribles enfermedades mentales es infundado.

El “mal viaje” se reduce a experiencias extremadamente desagradables, lejos de ser el origen de pensamientos suicidas o estrés psíquico grave como se mantenía hasta ahora. Recordemos además que sus restos se eliminan del organismo en 72 horas y no tiene efecto “resaca”. La clave es que la sesión de terapia con trip se inicie con un escáner, una consulta psiquiátrica y una analítica para descartar el consumo de otras drogas. El paciente está cómodamente tumbado en una habitación decorada con colores estimulantes. También se potencian los sentidos con aromaterapia y música. Al menos un psiquiatra está presente y posteriormente se realiza un seguimiento para ayudar a canalizar los nuevos pensamientos y sensaciones.

Efectos de la droga LSD

En realidad, el LSD y la terapia con trip han demostrado su eficacia en el tratamiento de la adicción al alcohol, el tabaquismo, el estrés post traumático, la ansiedad y los trastornos obsesivo-compulsivos, entre otras patologías. Es cierto que están contraindicadas en pacientes esquizofrénicos pues les puede conducir a una crisis psicótica. O combinados con algunos antidepresivos en ocasiones provocan convulsiones. Y se tiene que estudiar más el tema del trastorno perceptivo persistente por alucinógenos (HPPD).

Pero si hay un campo en el que la terapia psicodélica va ganando adeptos de forma exponencial es como ayuda a enfermos terminales. El hasta ahora inevitable miedo a morir desaparece o se matiza gracias a los efectos de reconexión espiritual y la empatía emocional que producen estas drogas. Los escáneres demuestran que establecen conexiones entre áreas del cerebro normalmente desconectadas. Y, lo más extraordinario es que una sola dosis mantiene sus efectos varios meses, frente a la necesaria ingesta diaria de otras drogas paliativas como los opiáceos.

Nada mejor que el título de la autobiografía de Hofmann, “LSD, mi hijo monstruo” para poner de manifiesto la compleja relación de los psicodélicos y la psicoterapia, a la vez que su imparable avance.

Esta entrada fue publicada en Psicoterapia. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *